domingo, noviembre 02, 2008

According to you...

Pues bien, éste mes ha estado del nabo... y no por la escuela, porque ya me di cuenta de que por más trabajo que nos den, por más tareas y exámenes y chingas, estoy tan encantada con mi carrera que no me afecta... digo, hay estrés y fatiga... pero eso es parte del show... y es chido porque uno se siente productivo...

Lo que verdaderamente me tiene hasta el queque... es que estoy enamorada de una persona que mis padres no consideran "la correcta". Y ellos no se limitan a decirme que no es la correcta, sino que siguen una serie de pasos para lograr que me aleje de él... comenzando por decir que "no es alguien de mi nivel" hasta prohibirme terminantemente verlo o hablar con él.

No es la primera vez que me pasa y estoy segura de que si permito que esto siga así, me quedaré sola, pues nunca habrá alguien digno de mí... y seré una fracasada en la vida, pues acato toda orden que ellos me dan, sin darme la oportunidad de experimentar y equivocarme, con el pretexto de que "tengo más experiencia que tú, por lo tanto sé que es lo que no te conviene, lo que te puede hacer daño"... ustedes díganme, ¿Cómo hago para ponerles un límite a mis padres, siendo que están tan acostumbrados a que yo haga absolutamente todo lo que ellos quieren?

domingo, septiembre 21, 2008

La frase de la semana 2...

Cuando la vida te dé la espalda...

¡¡¡Agárrale las nalgas!!!


GRACIAS P.G.
JAJAJAJA voy a hacer un libro y lo voy a vender en el metro... ¡¡¡Me cae!!!

martes, septiembre 16, 2008

Ociosidad...


Después de un muy elaborado análisis, horas y horas de experimentación y 323'403,239 testimonios, mis colegas y yo llegamos a la siguiente conclusión:


Los condones del seguro sólo sirven para una cosa:



martes, septiembre 02, 2008

La frase de la semana...

A falta de pan...

¡¡¡¡¡Tortillas!!!!!


¡¡¡Jajaja!!! Hay Matute como me haces reír =P

jueves, agosto 28, 2008

Para ti...

Después de un día como hoy, en el que me perdí en la profundidad de tu mirada, en el que pude tocar tu piel sin sentirme ajena a tu angustia... quiero decirte que a pesar de todo aquí estaré para ti, esperando que llegue el día en que puedas desnudar completamente tu alma, para así darme la oportunidad de ayudarte y superar todo lo que te ata a ese dolor que ni siquiera te deja dormir...



Te quiero pequeño

†ЄŊÏĜM†

domingo, agosto 24, 2008

¡¡YEAAHHH!!

¡Que tal mis queridos! Ya volví... me han pasado muchísimas cosas muy chidas, el cambio a la ciudad fue mucho menos doloroso de lo que pensé... a lo mejor es porque apenas llevo 3 semanas aquí jajaja al rato puede que me ponga a echarle pestes al Marcelo Ebrad... oh, esperen... eso ya lo hice...

Pues bien, en resumen... ya tengo internet pero está bien pinche chafa, mi lap agarra la señal cada que se le hincha el chip... pero no importa, por aquí andaré dándoles lata...
Ya tengo exámenes así que me pondré a estudiar (¡Jajajaja!)

martes, mayo 20, 2008

Qué sueños los que sueño

La oscuridad de aquella noche era tan intensa y el frío tan penetrante que Limãry dudaba si de verdad seguía viva. Al exhalar, pequeñas nubes de vapor se formaban y se perdían al instante en el aire helado.

No sabía cuanto tiempo había estado esperándolo en ese lugar. Tampoco entendía el porque de aquella oscuridad tan densa y el frío tan cruel. Su ropa era ligera, pues momentos antes había estado sentada, tomando el Sol en aquella playa tan desierta, escuchando las olas del mar golpeando la suave arena. Una falda blanca que le llegaba hasta las rodillas y una blusa, del mismo color, eran lo único que protegían su piel de aquel clima tan extraño.

De pie, recargada en un poste de madera, esperaba, escrutando las estrellas que se veían tan claramente, cual luciérnagas en un pantano.

- ¿Dónde estás?

Ella le prometió que lo esperaría, y él le dio su palabra de verla ahí. ¿Por qué no había llegado? Por su mente pasaron muchas cosas.

- ¿Y si tuvo un accidente?

Un escalofrío que no tenía nada que ver con el frío le recorrió la espalda. Su preocupación aumentó. No podía haber otro motivo que le hiciera faltar.

Limãry no podía mas, tenía que ir a buscarlo.

Se separó del poste y caminó hacia la ciudad. Mientras caminaba, la luz del amanecer pintó el cielo de un color suave, una mezcla de azul claro con rosa, las estrellas se fueron apagando una a una. El frío ya no era tan intenso, pero aún estaba presente, recorría su piel a cada paso que daba. La ciudad aún dormía, pero se podían ver algunas personas caminando en las aceras, preparándose para lo que sería un día más de trabajo.

Caminó y llegó a la casa de él sin ningún contratiempo. El Sol ya se había levantado y su calor recorría las calles, hasta llegar a ella.

Limãry tocó a la puerta varias veces sin obtener respuesta. Extrañada, intentó abrirla. No tenía seguro, a pesar de que al parecer no había nadie en casa. Entró y cerró la puerta, observó la estancia. Todo estaba limpio y en su lugar. En la sala había un par de juguetes tirados, en la cocina alguien había dejado una olla con agua en la estufa, y verduras a medio picar en una tabla.

- ¿Dónde están?

Limãry caminó en dirección a lo que creía, era la recámara de Joaşūŕet. La puerta estaba entreabierta, el cuarto, vacío. Al entrar, Limãry se percató de que la computadora estaba prendida. Una imagen que le pareció familiar le llamó la atención. No pudo contenerse y se acercó. Lo que vería sería lo último que Joaşūŕet había estado leyendo antes de irse.

Se hizo el silencio. Limãry podía sentir su corazón latiéndole con fuerza en el pecho.
Estaba leyendo un mensaje. Un mensaje escrito por una mujer.

- Perdóname por no haberte sido sincera desde el principio. La verdad es que no tenía el valor para decirte lo mucho que representas para mí. Te amo Joaşūŕet.

Limãry sintió que la sangre se le helaba. Algo parecido a un mareo la obligó a sentarse en la silla del escritorio.

- Tuve que contenerme mucho debido a mi situación, pero ya no puedo, ya no quiero. Te necesito, y yo sé que tú también me necesitas. Sé que me quieres tanto como yo a ti.

Nada tenía sentido. Leyó el texto una y otra vez, intentando encontrarle un significado diferente a las palabras. No lo logró.

- Necesito verte, decirte todo esto que siento. Ven, te estaré esperando...

Limãry reconoció la dirección. Lo había citado para ese momento. ¿Estaría con ella?

Lágrimas contenidas le quemaban los ojos. Pero no podía llorar. No era el momento.

Se levantó de la silla lentamente, intentando calmarse. Dio media vuelta y se dirigió a la puerta principal de la casa. Ya no había razón para quedarse ahí.

Al salir sintió el calor del Sol. Ya estaba avanzada la mañana, se sentía en el aire. Comenzó a correr, corrió hasta llegar al lugar de la cita: un parque tan sorprendentemente parecido al de aquel pueblito remoto donde creció, que por un momento Limãry pensó que se había equivocado de lugar. Los árboles eran de troncos gruesos con sus bases pintadas de blanco, y con ramas altas y fuertes llenas de hojas que cumplían muy bien su función de detener el calor del Sol. Había algunas bancas de madera y asientos de concreto que rodeaban los árboles. Un par de palomas caminaban, picoteando lo que fuera que se encontraran en el suelo. Caminó un poco más, prestando atención a cada detalle que la hacía recordar el pasado.

Y entonces los vio.

Ambos estaban sentados en uno de los asientos. Léâņ, con las piernas cruzadas, le platicaba algo a Joaşūŕet, quien no paraba de sonreírle. Hablaban de algo que a ella parecía emocionarle, pues reía, jugaba con su cabello y hacia movimientos con sus manos y su cuerpo. Se veía alegre.

Limãry se acercó a un árbol justo frente a ellos que la escondía de su vista. Justo en ese momento, un paletero cruzó el parque, y Joaşūŕet se levantó a comprarle dos paletas, ambas de fresa. Le llevó la paleta a ella, y siguieron ensimismados en la plática. Cada vez que ambos reían Limãry sentía que su sangre corría más lentamente; un dolor en el pecho que no había sentido hacia mucho tiempo quería dominarla. Pero no podía dejarse vencer por eso, no había motivos. Cerro los ojos con fuerza, reprimiendo una vez más las lágrimas.

- No pasa nada.

Los escuchaba a lo lejos. Una brisa suave comenzó a jugar con sus cabellos. Sentía el palpitar de su corazón, tan lento, acompasado a su respiración. Sus manos estaban frías, al igual que sus pies. Y de repente hubo silencio.

Limãry presentía lo que vería. Aún así, abrió los ojos.

Joaşūŕet la tomaba de las manos. Sus cuerpos se fueron acercando lentamente. Sostenían sus miradas con intensidad, hasta que cerraron los ojos, y sus labios se encontraron. Fue un beso lento, que a Limãry le pareció que duró una eternidad. Las manos de Joaşūŕet recorrieron el rostro de ella, acarició su cabello, la tomó de los hombros y la atrajo hacia él.

Limãry se sentía desfallecer. Los músculos de sus piernas le fallaban, no podía seguir en pie. Se volvió de espaldas a ellos, y apoyando su cuerpo en el árbol, fue dejándose caer lentamente.

Ya no podía contener el dolor del pecho. Algo dentro de ella se quebró, como una vasija de vidrio al caer y romperse en mil pedazos. Lágrimas comenzaron a caer.

Y entonces todo se sumió en la oscuridad.


†ЄŊÏĜM†